sábado, 29 de noviembre de 2014
viernes, 28 de noviembre de 2014
GARDEL Y SUS CIRCUNSTANCIAS
Publicado en http://elmorochodelabasto.blogspot.com.ar/

Mucho se ha hablado de la invalidez legal del Certificado
que Carlos Gardel obtiene el 8 de octubre de 1920 , en el Consulado Uruguayo de
Buenos Aires
Los análisis jurídicos realizados, dan razón a lo antes
dicho, en cuanto a que el mismo era - como dice Juan Carlos Esteban - meramente
un “Salvoconducto” con vigencia por un año, para ser usado en caso de
emergencia. (Muy distinto es una Partida de Nacimiento, pues un documento
específico como ese, carece de vencimiento) .
Dejemos de lado entonces este probado aspecto y pasemos a
analizar el pretendido certificado, desde otro punto de vista que no sea el
legal; es decir, el de la razón y la verdad, que por supuesto incluye “el
sentido común”.
Es evidente que Carlos aprovechó la oportunidad y se acogió
a la ley de Organización y Aranceles Consulares, promulgada el 21 de mayo de
1906 y así obtuvo el "Salvoconducto" del 8 de octubre de 1920, el
cual – más allá de las razones legales conocidas - , está viciado de nulidad,
ya que se trató de una anotación tempestiva realizada en el Consulado Uruguayo
en Buenos Aires, que durmió y murió en los archivos de esa oficina porteña,
pues el expediente número 10.052 al que diera lugar , jamás fue elevado, tal
cual correspondía, a la central del Ministerio de Relaciones Exteriores en
Montevideo, para a su vez, ser remitido al Ministerio del Interior de la
República Oriental del Uruguay y dar así REAL VALOR a la acreditación de ese
nuevo ciudadano que se había fabricado.
Y la razón de porque nunca se cumplió ese trámite, radica en
el conocimiento de todas las partes que confluyeron en él, de que se trataba de
un documento de favor y que el beneficiario jamás podría revalidarlo antes del
año de su duración, pues no contaba con los elementos necesarios para hacerlo.
(Registro Civil de nacimiento).
Basta con saber que fue un acto de favor que Carlos repudió
tan pronto como fue consumado, apresurándose a obtener de las autoridades
argentinas su Cédula de Identidad y posteriormente su nacionalización, a la
cual jamás renunció y siempre antepuso a cualquier otra, porque él se sentía
argentino, no solamente porteño.
Nunca ningún pretendido ilustrado, podrá separar con éxito a
Carlos Gardel, de una Argentina que orgullosamente él representó. Ayer con su
presencia física y hoy desde el disco y películas cinematográficas.
La declaración efectuada en el consulado respecto al
nacimiento de Gardel, es a todas luces complaciente, pues eludió el
cumplimiento del articulado de la Ley Nº 1716 de febrero del año 1879 y además
no respetó formalidades retenidas como mínimas. Aparecen lugares en blanco y
referencias omitidas y firman dos testigos cuyos nombres resultan tres, pues
cada uno que opina los cambia a su antojo.
Digo esto porque según declaraciones que oí en el Congreso
Internacional “Quien es Gardel”, el propio Agregado Cultural de la Embajada
Uruguaya en la Argentina, añadió a doña Tomasa Leguisamo como testigo, en lugar
del originario Juan Laguisquet .
Y esta nominación no es casual, ya que nos consta que existe
una comunicación enviada a Australia por el Cónsul General Uruguayo, en Buenos
Aires, Sr. Alfredo Menini Terra, donde menciona como testigos a RAZZANO Y
LEGUISAMO.
Poseo la fotocopia de un certificado que, en el margen
superior derecho, muestra el Nº 020393 y en su texto acredita que con el Nº
10052 se ha inscripto en el Registro de Nacionalidad y Ciudadanía Don Carlos
Gardel de 32 años, soltero de profesión artista. Dicha constancia tiene fecha 8
de octubre de 1920, contiene seña particulares, tiene en blanco el número de
Cédula de Identidad y está firmada por el señor Cónsul y Carlos Gardel.
Cabe pensar que si a octubre del año 1920, a Gardel se le
adjudican 32 años, quiere decir que no nació en la fecha indicada en la ficha
de registro (11 de diciembre de 1887), pues de ser así, solamente tendría,
cumplidos, 31 años. Grave irregularidad, inadmisible en un pretendido documento
público visado por un funcionario del cuerpo consular.
Por reproducciones vistas en libros y en Internet, se puede
apreciar que el nombre del inscripto es Carlos Gardel, nacido en Tacuarembo (no
se precisa localidad, solamente se menciona el Departamento) el 11 de Diciembre
de 1887, domiciliado en R. Peña 451 (no dice ciudad o país y se abrevia
ilegalmente el nombre de la calle) . Se puede leer además: "Documentos
Justificativos: Testimonio de Juan Laguisquet y José Razzano (1), sin acreditar
la documentación con que se identifican los dicentes. ¡Un tremendo horror de
procedimiento, imposible de justificar en un documento público serio!
Figura además que el inscripto es hijo de: Padre: Carlos
(sin apellido) - Nacionalidad, Uruguayo - fallecido y Madre Uruguaya - Maria
Gardel, también fallecida.
Sigue, impreso abajo ... "Hijos del inscripto. … etc.
etc."; todo lógicamente en blanco.
Nótese la circunstancia de hacer coincidir el apellido del
padre (al no colocarlo queda entendido que es Gardel) y el de la madre.
Vale destacar que en ésta versión, junto a Razzano, aparece
Juan Laguisquet, un ex policía de Tacuarembo, quien – según Isabel Del Valle –
fue quien sugirió insertar la nominación indefinida de un Departamento,
omitiendo precisar la ciudad o pueblo de ese distrito. ¡Otra aberración! Es
como si en Argentina un nacimiento se registrara generalizadamente en una
Provincia, por caso Misiones, sin indicar localidad.
También importa resaltar la siguiente sutileza: se hace
constar a los padres como “difuntos”, pues si se declaraba, a cualquiera de los
dos como “vivo”, se hubiera debido especificar el lugar de residencia del
referido antecesor, ya que el formulario oficial así lo exigía.
Es imposible entonces pretender que ya se pensara al
confeccionarlo, en elevar al Ministerio de Relaciones Exteriores, un
instrumento que contenía tantos desatinos.
Es una constante que los escritores volcados de lleno en la
fábula oriental, digan respecto de este certificado que en él, Gardel “declara
ser nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887, hijo de un indefinido
Carlos y una tal María, ambos “uruguayos fallecidos”, pero omiten
sistemáticamente (porque no les conviene mencionarlo) que ese documento no dice
Maria a secas, sino que especifica claramente María Gardel. Estamos frente a
dos personas totalmente inexistentes, lo cual avala la condición de falaz o
“consentido”, del documento que se pretende alzar como bandera justificativa de
una palmaria irrealidad.
El único objetivo de Carlos al decidirse por este camino,
fue solucionar sus problemas de documentación y de paso poder dar carácter
oficial al nombre artístico que para entonces utilizaba.
¿A nadie se le ocurre pensar que si la realidad fuera la que
nos pretenden vender, a Gardel nada le impedía haber blanqueado su situación de
hijo ilegítimo y declarar que sus padres habían sido Carlos Escayola y María
Lelia Oliva?. Podía haber revelado perfectamente su verdadero nombre y
condición de nacido en Uruguay, sin perjuicio de continuar utilizando su
apellido artístico.
Es evidente que la declaración del año 1920 ante el
consulado, contiene elementos que la invalidan, pero que fue muy bien
aprovechada por Carlos, mucho antes que venciera su efecto, para obtener toda
la documentación argentina que lo acompañaría por el resto de su vida.
Así, la realidad nos muestra ahora a nuestro Zorzal, como un
ciudadano naturalizado, dueño de una documentación argentina que refleja, como
no podía ser de otra manera, algunos pecados originarios del certificado que él
tan bien utilizó en su provecho y que para no comprometerse, debió avalar luego
en más de una oportunidad.
Sin embargo, una vez superada la primera instancia legal, se
preocupó por iniciar el camino de evidenciar otras circunstancias: Es decir,
las verdaderas. (2)
Recordemos lo que le sucedió a su amigo Cirilo Esteban
Capot, que nacido el 23 de enero de 1882 en Lot et Garona y radicado luego en
la Argentina, fue declarado – al no presentarse al llamado del ejército de
Francia – lisa y llanamente “desertor” por el gobierno de ese país; cargo que
recién le fue conmutado, el 25 de enero de 1935, es decir al día siguiente de
cumplir 53 años.
Es evidente que Carlos nunca quiso vivir esa misma triste
experiencia, que le hubiera vedado alcanzar los rotundos éxitos que logró en
suelo francés.
Para finalizar, diré que la falsedad del certificado
obtenido por Carlos en el año 1920, (3) es la clave que ha invalidado en su
momento las pretensiones del dictador Terra, sin olvidar que al decidir sobre
las respectivas sucesiones, los jueces de Uruguay y Argentina han validado,
para determinar su lugar de nacimiento y nombre de familia, el “Testamento
Ológrafo”, jamás impugnado y que al ser peritado demostró su total autenticidad
y dejó claramente establecido el origen de “El Morocho del Abasto".
También importa dejar la siguiete pregunta, como testimonio
harto reivindicatorio respecto de la verdad del nacimiento de Carlos Gardel en
Francia, avalado por una indiscutible Partida de Nacimiento.
¿Por qué Carlos, bajo cualquier circunstancia, siempre
mantuvo como día de su nacimiento, el 11 de diciembre, fecha que precisamente
corresponde al mencionado en esa Partida? (4)
Podemos una vez más afirmar, que el hombre es producto de
las circunstancias, no siempre de sus deseos.
José Pedro Aresi
(1) Antes de ser testigo ante el consulado uruguayo, Razzano
actuó con nuestro Zorzal, cuando éste lo hacía con el nombre de Carlos Gardes.
Luego lo acompañó en 1924 a Toulouse y dijo “ahí tuve la oportunidad de
conocerlo y recorrer juntos la casa donde vivió de niño Carlitos”, expresando
también “Con Gardel hemos estado en Toulouse, a propósito para conocer sus
lares”. Existen constancias de este viaje. Todo esto acaeció antes que Gardel
conociera a Defino, por lo cual no tiene sentido insistir con el cuento del
complot que inventó Avlis primero y Bayardo después. Es muy cierto y no existen
pruebas en contrario, en cuanto a que Razzano nunca consideró a Gardel como
uruguayo y jamás se lo oyó llamarlo o tildarlo de “compatriota”.
Aún más, es muy conocida esta frase de “Pepe”: “… sostengo
como lo hice con el mismo presidente de mi patria, el doctor Terra, que Carlos
Gardel era de origen francés, de Tolouse". Por otra parte, la misma hija
de “el Oriental, Cristina Razzano, “que conoció en vida a Carlos y que escuchó
los relatos de su padre, siempre reconoció la nacionalidad francesa de Gardel y
no lo hizo precisamente por el cobro de las regalías de autor, pues las hubiera
seguido cobrando dijera lo que dijera, ya que el suyo era un derecho firmemente
adquirido”.
Cuando Defino le vende a Razzano ciertos derechos, en el
documento que firman se especifica muy claramente “.... que fue y perteneció a
don Carlos Romualdo Gardés, conocido como Carlos Gardel, cuya cesión comprende
todas las que ...”, es decir que 25 años después, Razzano anula con su firma la
aseveración que lo muestra como “testigo de prueba” en la Denuncia de
Nacimiento Nº 10.052.
(2) Las constancias dejada por Gardel en sus documentos,
luego del mentado “certificado”, citan siempre como su madre, a Berta Gardel
(Primera Libreta de Enrolamiento, Matrícula Individual Nro. 1.717 del 9 de Mayo
de 1923) . En la “Segunda Libreta de Enrolamiento”, Matrícula Individual
236.001 del 21 de junio de 1927 , donde se hace referencia a un enrolamiento
anterior según Matrícula 1717 - DM 2 Oficina Enroladota Sección 10; de fecha 21
de Junio de 1927, Carlos declara ser hijo de Carlos y Bertha Gardel. Nótese que
aquí aparece la forma “th” en el nombre de su madre.
(3) En el trabajo publicado por el C.E.G. y firmado por el
doctor Carlos Perrotta y el señor Jesús Rey, bajo el título de las “Preguntas
del Millón”, se dice: “¿Por qué las Libretas de Enrolamiento que se le dieron
no están registradas en ningún padrón electoral de la época ni existen -COMO LA
LEY LO EXIGE - fichas en la Cámara Electoral ni en el Distrito Militar Buenos
Aires ni en el Juzgado Electoral?”
(4) Dice el escritor uruguayo Josélo González Olascuaga en
su libro "EL CÓDIGO GARDEL" (Pág. 55. Edit. "Fin de
Siglo"), “Es indudable que al investigador porteño Juan Carlos Esteban, no
le falla la lógica cuando refuta la fecha de nacimiento que quiere Nelson
Bayardo (el más tenaz e influyente de los gardelistas uruguayos). Ya es raro
que Charles Romuald y el bastardo de Escayola hayan nacido el mismo dia, el 11
de diciembre como quiere Bayardo. Hay una probabilidad en tres cientos sesenta
y cinco de que así haya ocurrido".
martes, 25 de noviembre de 2014
"El Porteñito", un apodo olvidado de Gardel
Publicado en http://ana-turon.blogspot.com.ar
En la revista “Carlos de Buenos Aires” (1970), de muy variada información y rica en fotografías por entonces desconocidas, Julio Jorge Nelson reproduce una nota del diario “El Debate” de Montevideo del 24 de junio de 1956 con recuerdos de Antonio Casciani [i], cuyos párrafos merecen una detenida lectura.
En la revista “Carlos de Buenos Aires” (1970), de muy variada información y rica en fotografías por entonces desconocidas, Julio Jorge Nelson reproduce una nota del diario “El Debate” de Montevideo del 24 de junio de 1956 con recuerdos de Antonio Casciani [i], cuyos párrafos merecen una detenida lectura.
“Conocí a Gardel hace más de 50 años, cuando él aún era un aficionado al canto y yo cursaba mis primeros años escolares”. Como quedó expresado, estas declaraciones corresponden a 1956, por cuanto los “más de 50 años” nos remiten a un período anterior a 1906. Por otra parte, Casciani había nacido el 31 de enero de 1901, de manera que sus “primeros años escolares” deben ubicarse luego de cumplidos los seis, es decir a partir de 1907.
Podría ponerse en duda la exactitud de las fechas por tratarse de recuerdos de infancia, pero la existencia de una fotografía de Gardel tomada en Casa “El Indio” en 1906 [ii] demuestra su presencia en la Capital del vecino país en la época señalada, respaldando lo relatado por Casciani.
Fotografía tomada en Casa “El Indio” de Montevideo en 1906 y dedicada a su amigo y compañero de viaje: “En prueba de amistad y cariño a mi amigo Pedro Guzzatti, Carlos Gardes”.
Lo expuesto precedentemente sucede durante la etapa que se ha considerado “en blanco” en la biografía de Gardel, que abarca desde la finalización de sus estudios primarios (1904) hasta el comienzo de su carrera artística (1911), cuando sus pasos ya comienzan a registrarse en contratos y crónicas periodísticas.
La falta de información referida a dicho período propició la versión de una supuesta prisión en Ushuaia, sobre la cual jamás pudo hallarse indicio alguno en registros de Comisarías, Juzgados, Fiscalías ni Penitenciarías donde necesariamente deben consignarse fechas, causas de condena, motivos de traslados y una extensa lista de etcéteras.
Por esta razón es importante la época en que Casciani recuerda haber conocido a Gardel y que oscila entre un período anterior a 1906 (“hace más de 50 años”) y 1907-08-09 cuando cursaba sus “primeros años escolares” (en plural), precisamente cuando se lo pretende situar en la cárcel austral.
Luego se refiere a otra circunstancia, acaecida años más tarde: “Era alrededor del 18 de mayo de 1911. Recuerdo la fecha porque los escolares nos preparábamos a concurrir al descubrimiento del Obelisco que en Las Piedras perpetúa el episodio histórico de la época artiguista”. Si Casciani había comenzado sus estudios en 1907, por entonces cursaría el 5to. grado y con sus diez años ya estaba en edad de comprender cuanto sucedía y registrarlo en su memoria para siempre. Refiriéndose a un conventillo que Gardel frecuentaba por entonces, continúa: “Allí recibió ‘El Porteñito’ –como le llamaban en el barrio, tal vez porque sus continuos viajes a Buenos Aires inducían a la gente a atribuirle ese origen- lo que podríamos llamar ‘su bautismo de fuego’”: Aquí, la perlita anunciada en el título: Sus amigos uruguayos lo llamaban “El Porteñito” –apodo tanguero si lo hay- que además confirma las versiones largamente reiteradas que indican que nuestro Cantor hizo sus primeras armas artísticas en ambas márgenes del Plata.
Queda claro que sus amigos de Montevideo sabían que Gardel no era uruguayo y también desconocían su origen francés. Esto último explica el asombro que manifestarán en 1935 cuando tome estado público el testamento que consigna su nacimiento en Toulouse.
Pero Casciani, que conoció al Cantor apenas pasado el primer lustro del Siglo XX, se explaya con conocimiento de causa: “Gardel era francés; no tengo ninguna duda” y luego agrega: “Gardel nunca confesó su verdadera nacionalidad (…) Disimulaba la verdad por no comprometer a sus amigos.”
Aunque de manera superficial, compactada, y con comprensibles errores de información, continúa el periodista: “Explica Casciani que la falta de documentación comprometía la carrera ya iniciada por el que sería el más grande cantor criollo. Ante ellos, Bernat, su administrador, optó por ‘fabricarle’ una filiación. Por medio de un familiar, que tenía un cargo judicial en Tacuarembó, se hizo extender el famoso documento que apareció entre los restos del avión y que, más tarde, dio origen a la versión de que era documentación uruguaya”.
Tenemos aquí tres puntos a desarrollar:
1) Perico Bernat (y seguramente otros amigos de su entorno íntimo) conocía el origen francés de Gardel
2) Intervino un familiar de Tacuarembó
3) La versión del origen uruguayo nace después del accidente de Medellín
Veamos:
1) Naturalmente, “Perico” Bernat –quien merecía la total confianza del Cantor- conocía el origen europeo de Gardel. No queda claro si se le atribuye participación en la regularización de sus documentos –tal vez haya intentado alguna gestión que luego descartó- o si “fabricarle una filiación” implicó inventar una historia, una familia; en tal caso podríamos estar en presencia del origen de “Carlos y María, ambos fallecidos”. De cualquier manera, lo importante es que Bernat conocía la problemática situación de los documentos de Gardel.
2) Mención aparte merece el “familiar de Tacuarembó” que ha motivado no pocas confusiones. En ese pueblo uruguayo vivía desde 1904 José “Cielito” Traverso, integrante de una familia del Abasto ligada a Gardel por profundos lazos afectivos. La mayor amistad del Cantor era con “Yiyo” -encargado de la fonda “O’Rondemann”- aunque también frecuentaba a Constancio en el comité conservador que regenteaba (con todo lo que esto significaba en aquellos tiempos). “Cielito” había matado a Juan “Vidalita” Argerich en diciembre de 1901 y luego de dos años de prisión (es decir, en 1904) fue desterrado al vecino país. Allí conoció a Amanda Escayola y por tal motivo se radicó en Tacuarembó. Si bien no hay indicios de que Gardel frecuentara a “Cielito”, al estar vinculado a personas influyentes –en Buenos Aires por medio de su hermano y en Tacuarembó por medio de su esposa- es muy posible que se lo haya considerado una pieza importante a quien recurrir en caso de que fuese necesario al momento de poner en orden los papeles del Cantor.
3) “…se hizo extender el famoso documento que apareció entre los restos del avión y que, más tarde, dio origen a la versión de que era documentación uruguaya”. Este “más tarde” de Casciani, expresado luego de “los restos del avión” se contrapone con los difundidos “se sabía” y "se decía" tan abundante en la literatura del vecino país y tan nocivo para la Historia. Aquí queda claro que en vida del Cantor ni se mencionaba la posibilidad de su origen oriental y que esa versión surgió después del accidente de Medellín.
En otro fragmento de la nota publicada por “El Debate” dice el periodista: “La vinculación de Casciani con Gardel, nacida en el viejo Barrio Sur, se mantuvo prácticamente hasta la muerte de éste”: Esta frase, en el contexto de la nota que reproducimos, se contrapone con la versión que afirma que Gardel habría cursado estudios en una escuelita del Barrio Sur de Montevideo. De haber sucedido, Casciani lo habría sabido y lo habría mencionado en ésta u otra oportunidad.
En síntesis, señalemos las principales conclusiones que se desprenden de este interesante artículo periodístico:
1) Gardel no estuvo en Ushuaia. (En esa fecha estaba en Uruguay);
2) Sus amigos de Montevideo sabían que no era uruguayo y desconocían su origen francés (le decían “El Porteñito”)
3) Sus amigos íntimos (ej. Casciani, Bernat) conocían su origen francés y la problemática situación de sus documentos desde antes de 1920.
4) La versión del origen uruguayo de Gardel es posterior a su muerte
5) Gardel no estudió en la escuelita del Barrio Sur de Montevideo
Tres de estas cinco conclusiones no hacen más que ratificar respetables investigaciones de frecunte relectura y permanente consulta, pero llamó mi atención el apodo olvidado de "El Porteñito" que tan bien sienta a nuestro Cantor y quise compartirlo con los seguidores de este blog.
Ana Turón
Azul, noviembre 16 de 2014
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
DEL GRECO, Orlando: “Gardel y los autores de sus canciones”. Akian, Bs. As. 1990
ZATTI, Rodolfo: “Gardel en el corazón del Río de la Plata”. Ed. Magdala, Bs. As., 2007
ZATTI, Rodolfo: “Gardel en el Abasto”. Ed. Corregidor, Bs. As., 2005
[i] Antonio Casciani, apodado “El Canillita” por dedicarse a la venta de diarios, nació en Montevideo el 31 de enero de 1901 y allí falleció el 11 de marzo de 1967. Fue autor de los tangos “Farabute” y “Un año más”, ambos en coautoría con Joaquín Barreiro, que Gardel llevó al disco el 22-12-28 (en Francia) y el 17-06-30 (en Bs. As.) respectivamente.
[ii] Investigaciones de Rodolfo Zatti señalan que el primer viaje de Gardel al Uruguay tuvo lugar en 1906 en compañía de Pedro Guzzatti, un amigo del Abasto.
domingo, 23 de noviembre de 2014
GRAVE DENUNCIA, CONTRA WALTER SANTORO PRESIDENTE DE FICA
Circula en facebook una noticia que sigue despertando interes en los que seguimos de cerca "la cedula artistica"
http://www.laurdimbre.com.ar/cultura/cu-0250.php
EL MUSEO QUINQUELA Y EL CLUB BOCA JUNIORS SE OPONEN
Conflicto por el emplazamiento del monumento a Quinquela
http://www.laurdimbre.com.ar/cultura/cu-0250.php
EL MUSEO QUINQUELA Y EL CLUB BOCA JUNIORS SE OPONEN
Conflicto por el emplazamiento del monumento a Quinquela
En una "Carta abierta" el Museo Quiquela Martín y el Club Boca Juniors vierten duros conceptos contra el Sr. Walter Santoro (presidente de una editora llamada Industrias Culturales Argentinas y de Maguncia, una galería de arte lindante al Museo Quinquela) por lo que consideran mala fé y "apropiación de ideas" en relación con el anunciado emplazamiento del monumento a Quinquela Martín.
En el comunicado advirten que el Museo de Bellas artes "Benito Quinquela Martín" no promueve, ni auspicia, ni guarda relación alguna con el monumento al artista y filántropo boquense realizado por el escultor Antonio Oriana. Al mismo tiempo, dejan constancia que promueven, apoyan y alientan toda iniciativa que se proponga homenajear a Quinquela Martin, por lo cual encuentran "especialmente penosa esta situación, en la cual se advierte mala fe disfrazada de noble objetivo".
"Ha sido un largo camino desde el inicio de la idea hasta cumplir con todos los pasos requeridos por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, hasta que en sesión del día 03 de diciembre de 2009 se aprobara su realización" reza el comunicado conjunto del Museo y Boca.
La ley sancionada en el recinto durante la referida sesión lleva el N° 3.384 y consta de dos artículos:
En el comunicado advirten que el Museo de Bellas artes "Benito Quinquela Martín" no promueve, ni auspicia, ni guarda relación alguna con el monumento al artista y filántropo boquense realizado por el escultor Antonio Oriana. Al mismo tiempo, dejan constancia que promueven, apoyan y alientan toda iniciativa que se proponga homenajear a Quinquela Martin, por lo cual encuentran "especialmente penosa esta situación, en la cual se advierte mala fe disfrazada de noble objetivo".
La acusación del Museo y el Club Boca Juniors
El origen del conflicto es la existencia de otro proyecto también aprobado por la Legislatura de la Ciudad que involucra al Museo Quinquela, el Club Boca Juniors y Alejandro Roemmers (los dos últimos en calidad de sponsors) de un monumento del escultor Leo Vinci, para ser emplazado en el Paseo Costero "Carlos Bello", frente al edificio sede de la Escuela Museo "Pedro de Mendoza" y Museo de Bellas Artes de La Boca; el mismo lugar elegido para instalar el "otro" monumento. Ese espacio fue cedido formalmente por la Administración General de Puertos),"hace tres años, mediante nota Nº 624-AGP.SE-07"."Ha sido un largo camino desde el inicio de la idea hasta cumplir con todos los pasos requeridos por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, hasta que en sesión del día 03 de diciembre de 2009 se aprobara su realización" reza el comunicado conjunto del Museo y Boca.
La ley sancionada en el recinto durante la referida sesión lleva el N° 3.384 y consta de dos artículos:
Artículo 1°.- Acéptase la donación del monumento a Benito Quinquela Martín del escultor Leo Vinci efectuado por el Club Atlético Boca Juniors, para ser emplazado en el paseo Diputado Nacional Carlos Bello.Artículo 2°.- Comuníquese, etc.
Fue promulgada por el Ejecutivo por Decreto N° 078/010 del 15/01/2010 y se publicó en el Boletín Oficial el 21 de enero de este año.
El "monumento de Walter Santoro"
La dura acusación de los patrocinantes del que podría denominarse "monumento original" radica en el hecho de que el señor Santoro, al momento de presentar "su" monumento, era secretario de la Cooperadora del Museo Quinquela Martín (cargo que actualmente sigue ostentando...). "Resulta muy difícil no pensar en una apropiación de ideas, sobre todo cuando lucra permanentemente con Quinquela, poniendo a la venta imágenes de nuestro archivo no autorizadas por nuestra Institución" resalta la denuncia pública del Museo Quinquela y el Club Boca Juniors.
La nota cita finalmente el comunicado del Presidente de la Asociación Cooperadora del Museo Benito Quinquela Martin quien "quiere dejar expresamente en claro a la comunidad del barrio de La Boca que esta asociación en ningún momento participó, auspició su realización, diseñó, o programó la ejecución del Monumento realizado por el escultor Antonio Oriana a Benito Quinquela Martin en la explanada Carlos Bello de la calle Pedro de Mendoza. Monumento que el Sr. Walter Santoro, con la Empresa Industrias Culturales Argentina y la Galería Maguncia, produjeron su realización. Ello en razón de que existía desde el año 2006 un Proyecto original elaborado por el Museo con el apoyo financiero del Club Atlético Boca Juniors y el apoyo del escritor y empresario Alejandro Roemmers".
El "monumento de Walter Santoro"
La dura acusación de los patrocinantes del que podría denominarse "monumento original" radica en el hecho de que el señor Santoro, al momento de presentar "su" monumento, era secretario de la Cooperadora del Museo Quinquela Martín (cargo que actualmente sigue ostentando...). "Resulta muy difícil no pensar en una apropiación de ideas, sobre todo cuando lucra permanentemente con Quinquela, poniendo a la venta imágenes de nuestro archivo no autorizadas por nuestra Institución" resalta la denuncia pública del Museo Quinquela y el Club Boca Juniors.
La nota cita finalmente el comunicado del Presidente de la Asociación Cooperadora del Museo Benito Quinquela Martin quien "quiere dejar expresamente en claro a la comunidad del barrio de La Boca que esta asociación en ningún momento participó, auspició su realización, diseñó, o programó la ejecución del Monumento realizado por el escultor Antonio Oriana a Benito Quinquela Martin en la explanada Carlos Bello de la calle Pedro de Mendoza. Monumento que el Sr. Walter Santoro, con la Empresa Industrias Culturales Argentina y la Galería Maguncia, produjeron su realización. Ello en razón de que existía desde el año 2006 un Proyecto original elaborado por el Museo con el apoyo financiero del Club Atlético Boca Juniors y el apoyo del escritor y empresario Alejandro Roemmers".
lunes, 17 de noviembre de 2014
LA CEDULA TRUCHA DE GARDEL... COMPARACION CON EL ORIGINAL
Quedo sobradamente probado tiempo atras, que la cedula que se exhibe, en el Museo de Tacuarembo, es una burda copia, ilegal y sin ningun valor.
Nuestro amigo, GEORGES GALOPA Vice-Prsidente de la Asociacion Gardeliana de Toulouse y autor, de enjundiosas investigaciones, realizo una comparacion entre las fotos de sendas cedulas, quedando de manifiesto la torpeza del "artista" autor del "facsimil"
Se nota una diferencia de posición del
número de cédula
La barra media del primero 3
Tambien la parte superior del cero.
NO COMMENT!!!
Hay una diferencia entre las cédulas presentadas en los dos artículos de "El Pais"
presento en mi mail :
1- En la foto de la verdadera cédula tomada en la casa de Hamlet Peluso: se nota que abajo del borde derecho de la foto, por encima de la manga, hay un pequeño cuadrado de color negro.
2- En la foto de la cédula en la versión impresa publicada por "El Pais" : hay tambien el mismo pequeño cuadrado de color negro
3- En la foto que aparece en el artículo diciendo que la cédula es apócrifa ( la llamo cedula controversia) : el cuadrado no está, y tambien el número de la cédula no se encuentra a la misma posición y no se lee bien.
Es notable que hicieron un montaje con la misma foto que sirvió a Gardel para hacer su cédula, usaron una cédula de identitad que pertenecía a otra persona, y pusieron el mismo número de cédula... equivocandose en la posición y en el color.
Presentar un facsimil es una cosa, hacer un montaje para presentar una cédula apócrifa es muy grave.
N de R: DELIBERADAMENTE, OMITIMOS LA PUBLICACION DE LA FOTOGRAFIA DE LA CEDULA ORIGINAL
viernes, 23 de mayo de 2014
Ni santo ni masón ni delincuente. Gardel era un hombre que creía en Dios
Si bien la vida de Carlos Gardel nada tuvo que ver con la
santidad, la formación religiosa que recibió en su infancia forjó en él
principios indelebles y marcó a fuego su conducta.
Su primer acercamiento a la fe cristiana fue involuntario
–como sucede con todos los niños de hogares católicos-, ya que recibió las
aguas bautismales a pocas horas de nacido, en la capilla del Hospital
Saint-Joseph de la Grave, en Toulouse (Francia).

Radicado con su madre, Doña Marie-Berthe Gardes, en Buenos Aires desde 1893 en una casa de inquilinato sita en Uruguay 162, en 1897 "el francesito" comenzó sus estudios primarios mientras su infancia se desarrollaba como la de tantos hijos de inmigrantes.
Según relatara Doña Berta en 1900 viajó a Francia para que
su pequeño hijo tomara la Primera Comunión en una aldea vecina a Toulouse que
el cronista de “La Canción Moderna” de 1936 escribió “Laubade”[1].
Este viaje, del cual no se han hallado constancias, es apoyado por dos hechos:
1°) La interrupción de la asistencia a clases durante el año
1900 del pequeño Carlos (aunque coinciden otros motivos inherentes al
funcionamiento de los establecimientos y planes educativos)
2°) Retomada su escolaridad, el 3 de noviembre de 1901
recibió la Confirmación[2], que no habría sido posible sin
la comunión previa.
Es en el colegio salesiano Pío IX donde adquirió la
disciplina -determinante en su carrera artística- y tres características
fundamentales: alegría, generosidad y pulcritud en el vestir, ya que Don Bosco
sostenía que “el aseo y el orden exterior indican la limpieza y la pureza del
alma”[3]
Mientras estas semillas germinaban en su interior, el
adolescente que todavía no era Gardel sino Gardes llevaba una vida como la de
cualquier muchacho de entonces. Carente de una figura paterna que lo aconsejara
y pusiera límites en el momento adecuado, amante de las guitarreadas con
amigos, curioso y andariego, ansioso por conocer el mundo dio a
Doña Berta no pocos dolores de cabeza en su afán de independencia.
“Como perro suelto de la cadena”, describe un antiguo refrán
popular la rebeldía que lo impulsó a fugarse de su hogar. Libre de la rigidez
horaria del colegio podría dormir hasta el mediodía, comer a deshora, entrar y
salir sin dar cuentas a nadie, ni siquiera a su madre cuyos consejos lo
agobiarían, como a todo muchacho que quiere ser hombre.
En 1912 se iniciaba su vida pública. Gardes comenzaba a ser
Gardel y a mostrar a su creciente público la calidad humana que subyacía detrás
de su arte.
Refiriéndose a estos años de aventura, José Razzano contó
que cuando llegaban a una ciudad uno de los primeros lugares que visitaban era
la iglesia [4] y años más tarde un amigo suyo
escribió: “Recuerdo también lo que don Pepe[5] me
contó sobre el espíritu religioso de Gardel que cuando se iba a dormir él
observaba, ya que dormían en la misma pieza, que Carlitos tenía un alfiler de
gancho en la camiseta lleno de medallitas. Durante la gira, como se levantaban
tarde a la mañana –claro, se acostaban tarde a la noche- cuando salían a
caminar por la plaza del pueblo, cerca de la iglesia siempre se encontraban con
alguna monjita. Carlitos le pedía una medallita –antes las hermanitas le daban
a cualquiera cuando les pedían alguna-, se la prendía en el alfiler de gancho y
se lo sujetaba en la ropa”[6]. Años más tarde,
cuando Armando Defino viajó a Medellín para repatriar los restos y equipajes de
la malograda comitiva artística, declaró a la prensa que “En una
pequeña bolsita de seda blanca hay más de cien medallas…”[7],
entre las pertenencias de Gardel.
Muy elocuente es la carta a Isabel del Valle de agosto de
1927: “He recibido tu cartita en la cual veo que te has restablecido y
que te encuentras bien, eso es, por las oraciones que rezo por vos que te
componen enseguida”[8]. Así expresado en una carta
íntima a su novia -con quien convivió durante no pocos meses- no deja margen a
dudas de que aquellas enseñanzas escolares habían echado raíces.
Otro testimonio que muestra la “conexión” con Dios que tenía
nuestro Cantor es el de Francisco Flores del Campo, actor chileno que
interpreta el rol de “Daniel” en “El día que me quieras”, quien recordando su
etapa vinculada a Gardel (Nueva York, 1935), dijo: “Los domingos lo
veía en misa de 12 en la Catedral de San Patricio, en la Quinta Avenida:
Llegaba y se iba solo”[9]. Aunque en otro marco –ya
que se refiere a un hecho aislado y en circunstancias especiales-, Mario
Battistella también recordó la asistencia de Gardel a una misa –o más
concretamente a un Te Deum-, en Italia[10] donde
nuestro Cantor entonó las estrofas del Himno Nacional Argentino, con motivo de
la celebración patria.
Junto a Luis Gaspar Pierotti, luego de visitar la Basílica
de San Pedro, en el Vaticano
De las innumerables anécdotas que muestran el “don de gente”
de Gardel, sus principios éticos y morales, su solidaridad y su hombría de
bien, he seleccionado la más objetiva: la opinión de un sacerdote que no
resultó beneficiado con ningún obsequio ni “gauchada”, sino que evaluó los
consejos que el Cantor daba al adolescente que ayudaba a Doña Berta en los
quehaceres domésticos. Huérfano de padre, muy creyente y practicante católico,
Dante Gallo recordó:
“Yo casi todos los domingos por la tarde iba al
cine, cuya proyección se efectuaba en la sala de actos de la iglesita (…) El
Padre Fourcade hacía de boletero, acomodador, operador, etcétera.
Yo sacaba la entrada con una de las chanchas[11] que me había dado Carlos Gardel; la entrada
costaba 10 centavos, y al Padre Fourcade le decía:
-Deme el vuelto de esta chancha que la
gané con la madre de Gadel, por los mandados que le hice; y su hijo don Carlos,
además que me unta con estas chanchas me sabe dar buenos
consejos como me los sabe dar usted, Padre: (…)
‘Che, pibe… No salgás de noche. Es malo perder la
noche por ahí. No vayas al café a jugar al billar ni a perder el tiempo con
muchachones, que la amistad de ellos no te conviene… Nunca vayas a tu casa muy
tarde… Hacele compañía a tu mamá. (…) Pibe… ojo, por favor, no te vayás a meter
de contrabando en un prostíbulo, las mujeres de la vida están terriblemente
enfermas… Por favor, cuídate, te podés contagiar… No le vayas a dar un tremendo
disgusto a tu mamá’
(…)
Al Padre Fourcade yo le contaba de todas las
recomendaciones que me hacía don Carlos y el Padre me escuchaba con los ojos
bien abiertos y con oídos bien atentos sobre lo que le decía. Y después de una
pausa, me contestó:
-Sí, ya sé y tengo referencias que Carlos Gardel es una
niña en sus procederes, tengo muy buenas referencias de ello (…) Merece una
linda sotana por los cristianos consejos que te da a vos, purrete.
-Eso no es nada, Padre –le continué diciendo-, si usted
viera y escuchara el trato cariñoso que le da a su mamá, doña Berta. A mí,
Padre, don Carlos me tiene a pura recomendaciones y consejos sanos: ‘Ojo,
pibe Dante, pórtate bien’. Además es muy generoso conmigo.
(…)
Nunca me olvidaré la cara que puso doña Berta cuando le
conté las ponderaciones que el Padre Fourcade había hecho de su hijo Carlos. La
noté sumamente contenta que un sacerdote tuviera conocimiento de las
imponderables virtudes de su hijo”
Es posible que los diálogos hayan sido recreados luego de tantos años, pero no los conceptos básicos allí vertidos. Los recuerdos continúan con las bromas que Celedonio Flores hizo al imaginar a Gardel de sotana y el malestar de nuestro cantor:
-Está cabrero con vos porque no quiere que lo ensalces
por ahí… que cuentes cosas de él, ponerándolo. Me dijo que si es bueno con vos,
será porque te lo merecés y nada más.
(…)
Y en efecto, se dio la advertencia del Negro Flores. Una
mañana muy tempranito llegué a la casa de don Carlos, y como tiro se incorporó
de la cama, y asomándose desde la puerta de su dormitorio, me dijo:
-‘Pibe Dante, venga que tengo que hablarle…’
(…) Entro a su dormitorio y me dijo, muy enojado:
-‘Dígame, jovencito… qué anda contando de mí, usted,
por ahí, como soy yo. Hasta a mamita la he tenido que retar porque me ha venido
con aquello de que por mi manera de ser, soy candidato para usar sotana’ [12]
A esta anécdota podrían sumarse miles de la misma índole,
donde no media ningún regalo ni ningún beneficio inmediato sino la
manifestación de un Gardel íntimo y cotidiano que todos hubiésemos querido
conocer.
Ni masón ni delincuente. Un hombre de sólidos principios
éticos y morales que creía en Dios y andaba por la vida con una honestidad y
una rectitud que ni las noches parisinas ni los domingos hípicos ni las
amistades “non-sanctas” pudieron mellar, un ser humano que acostumbraba “devolver
gentilezas por sinvergüenzadas”[13], sintetizando
en esta frase todas las enseñanzas del Evangelio que conservaba y practicaba
desde su infancia
Ana Turón
Azul, mayo 18 de 2014
[1] “La Canción Moderna –
Radiolandia” 1936. Ha sido imposible hallar en mapas esta aldea, por cuanto
existe la posibilidad de que el periodista haya incurrido en un error al volcar
al papel las palabras de Doña Berta.
[2] ABALLE, Guadalupe. “Algo más
sobre Gardel”. Ed. Corregidor, 2004.
[3] ABALLE, Guadalupe, op cit.
[4] Testimonio recogido por parte
de la autora de labrios del coleccionista Ángel Olivieri en 1985.
[5] Razzano
[6] OLIVIERI, Ángel. “Historias de
Tango” volumen dedicado al Dúo Gardel-Razzano. 2da edición. Ed. AqL. Bs. As.,
2008
[7] ANTENA, 15 de febrero de 1936
[8] HERMÁNDEZ, Anastasio. “Vida y
Obra de Carlos Gardel”. Ed. Del autor. Córdoba, 1996
[9] AA.VV. “Carlos Gardel. Tango
que me hiciste bien”. Ed. Andrés Bello. Santiago de chile, 1985
[10] LE PERA, José – BATTISTELLA
Mario. “Carlos Gardel. Su vida artística y anecdótica”. Bs. As. Semec, 1937
[11] Monedas de veinte centavos
[12] GALLO, Dante. “Así conocí a
Carlos Gardel y a Celedonio Esteban Flores (Cele). Yo era un adolescente de
quince años”. Ed. Baraga. Bs. As., 1986
[13] DEFINO, Armando. “Carlos
Gardel. La Verdad de una Vida”. Cia. Fabril Editora. Bs. As., 1968
martes, 20 de mayo de 2014
El "Padre Desconocido" de Carlos Gardel
Su imagen siempre sonriente, sus triunfos artísticos, su
prosperidad económica hacen suponer que Gardel lo tuvo todo, pero el “padre
desconocido” de su Partida de Nacimiento seguramente produjo íntimos
sinsabores.
Como obedeciendo a un presagio o cumpliendo una condena,
aquella sentencia se convirtió en dolorosa realidad.

"El onceavo día del mes de diciembre del año mil
ochocientos noventa, a las dos horas de la noche, NACIMIENTO de Charles Romuald
Gardes, nacido hoy a las dos horas de la madrugada, en el Hospital de La Grave,
hijo de padre desconocido y de Berthe Gardes, planchadora
nacida en Toulouse y domiciliada en calle Canon d'Arcole N° 4..."
Por su carácter introvertido y los cánones sociales de la
época, en contadas oportunidades se refirió a su padre: Al periodista Edmundo
Guibourg le confió que se trataba de un francés de apellido Lasserre, “con
doble ese y doble erre” que luego de finalizada la Primera Guerra Mundial
había viajado a Buenos Aires con intenciones de enmendar su error, pero él no
quiso conocerlo alegando que “cuando lo necesitamos no lo tuvimos”.
Estos recuerdos de Guibourg son coincidentes en un todo con
los referidos por Armando Defino y Adela Blasco, matrimonio estrechamente
vinculado a Carlos Gardel y a su señora madre.
Doña Berta –a quien nadie en su sano juicio podría
discutirle este asunto-, atribuyó la paternidad de su hijo a Paul Lasserre,
aunque reemplazándole el apellido por “Gardes” para evitar preguntas que sólo
la llevarían a recordar difíciles momentos de su juventud.
Esta referencia tuvo lugar en 1936, durante un reportaje
para la revista “Radiolandia”.

El retrato de Paul Lasserre (1866-1921) que Doña Berta
conservaba en una pared de su casa de Jean Jaures 735, en 1936.
Para no confesarse madre soltera, se decía "viuda de
Gardes", atribuyéndole este apellido al padre de su hijo.
No hay indicio alguno que permita suponer que Gardel lo haya
visto siquiera. No obstante, Doña Berta conservó su retrato hasta sus últimos
días, hecho que muestra sus profundos y nobles sentimientos.
El entorno íntimo conocía pormenores de la historia y los
transmitieron a periodistas e investigadores. Isabel del Valle -la novia
oficial de Gardel- lo ha referido en reportajes televisivos.
En los años '70 la revista "Gente" envió a
Toulouse a Eduardo San Pedro y "Pepe" Fernández para una investigación
periodística.

A raíz de este aviso se contactaron con la Sra. Elise
Ramieres, viuda de un primo segundo de Gardel.

Años más tarde se sabrá que Paul Lasserre no era viajante de
comercio ni estaba casado cuando nació Gardel.
Para 1975 ya se sabía de Paul Lasserre y la reacción de
Gardel ante su visita pero no pasaba de un hecho anecdótico. Su figura no
despertaba sino indiferencia en los admiradores del Cantor que reprobaban su
conducta cobarde e irresponsable.
Prueba de ello es que las búsquedas realizadas por el
periodista de "Gente" en Toulouse no incluyeron a ningún Lasserre.
Recién en 1995 se conocieron las primeras investigaciones,
fruto de más de una década de búsquedas por parte de la socióloga argentina
Martha Báez:



Tres páginas de la revista "La Maga" con
información muy valiosa y hasta entonces desconocida fueron el puntapié inicial
para sucesivas investigaciones.
A partir de entonces muchos se hicieron eco del tema y
realizaron nuevos trabajos.
En "Por Siempre Carlos Gardel" (1973), Augusto
Fernández ya había mencionado la paternidad de Paul Lasserre señalando que era
"información confidencial proporcionada por un allegado de Armando Defino
(quien, fuera de toda duda, conocía la identidad del padre del Cantor)".
En la reedición de 1996 agrega una página firmada por
Carlos Mutto (desde Toulouse, Francia), bajo el título
“Fanny Laserre revela su secreto: Yo soy la hermana de
Carlos Gardel”
Hasta hace unos meses, Fanny Laserre de Gelos (76) vivía
apaciblemente en un elegante barrio de la ciudad de Toulouse. Sin embargo, esa
apacible vida sufrió un cambio radical cuando aceptó revelar el secreto que
conservaba celosamente desde su infancia: ‘Carlos Gardel era mi medio hermano’,
confesó sin medir las consecuencias. Pocos días después de publicarse la
noticia en ‘La depeche du Midi’ –el diario de Toulouse-, decenas de periodistas
se agolpaban en la puerta de la casa de Fanny, las cámaras de televisión
invadían su intimidad y las radios de Buenos Aires la asediaban pidiéndole
entrevistas. ‘Si hubiera sabido lo que me esperaba, me habría guardado el
secreto’, dice hoy cuando alguien le recuerda el tema.
-¿Por qué no reveló su parentesco con Gardel antes?
- Porque pertenezco a una familia en la que se
consideraba inconveniente hablar de temas como el de las relaciones
extraconyugales que había mantenido mi padre antes de conocer a mi madre. De
una de esas relaciones nació mi medio hermano, Carlos Gardel.
-¿Y por qué decidió hacerlo ahora?
-Porque mi hijo Raymond me convenció de que lo hiciera.
Yo le revelé a él la verdad en 1990 y, desde entonces, él no se cansó de
repetirme que era mi deber revelar este secreto. Él sabía cuál era la
importancia de Gardel en la Argentina porque Raymond viajaba a allí con
frecuencia. ‘No sabés cuánto te lo van a agradecer los argentinos’, me decía.
Sin embargo, yo me rehusaba a hablar. En 1993 mi hijo falleció y empecé a
pensar que, en homenaje a su memoria, tenía que dar a conocer esa información.
Su hija, Julie, me pidió varias veces que así lo hiciera. Mi familia decía que
yo tenía un hermano mayor. Yo oía hablar de él con frecuencia. Sin embargo,
recién lo conocí cuando tenía ocho o nueve años, durante un verano que pasé con
mi familia en casa de mi madrina, en Niza. Un día participé de una gran comida
que ella había organizado y allí lo conocí. ‘Este señor es tu hermano, me dijo
mamá, es un cantante célebre que vive en la Argentina’. Carlos visitaba a su
familia paterna cada vez que venía a Francia.
-¿Y qué recuerdo tiene de ese encuentro?
-Conservo imágenes muy vagas. Sólo recuerdo que a la
tarde salió a dar una vuelta por el ‘Paseo de los Ingleses’ en un suntuoso
automóvil Hispano que causaba sensación. Lo que sí conservo de ese encuentro es
una sensación de gran frustración.
-¿Por qué?
-Porque yo siempre quise tener un hermano, y él era como
yo había soñado: amable, sonriente de un gran charme. Yo esperaba que se
quedara con nosotros.
-¿Y no intentó continuar esa incipiente relación?
-Nunca. Mi madre nunca quiso tener una relación con
Carlos porque entendía que él representaba un aspecto ‘vergonzoso’ de la vida
de mi padre.
-¿Conserva algún documento que pruebe su vínculo familiar
con Gardel?
-Sólo mi partida de nacimiento, donde consta que la
identidad de mi padre coincide con la de Carlos Gardel. Sin embargo, no hay
nada que pruebe que Carlos era hijo de mi padre, ya que él nunca lo reconoció.
-¿Usted sabe que hay mucha gente que no le cree?
-¿Quién? ¿Por qué mentiría? ¿Qué ganaría con inventar
esta historia? Si tomé la decisión de hablar es porque mi hijo me lo pidió”.

Aunque con diferentes títulos, se trata del mismo trabajo.
Augusto Fernández perteneció a la generación de investigadores que tuvo acceso
a los protagonistas de la historia.
Fanny había nacido el 19 de diciembre de 1919, por cuanto
sus “ocho o nueve años” nos remiten a fines de 1928. Precisamente en octubre de
ese año Gardel debutó en Paris y se presentó en Cannes (distante sólo 34 Km. de
Niza) del 8 al 19 de febrero. Su recuerdo puede ubicarse en este período.
Como vemos, ya para entonces Gardel había alcanzado una
madurez que le permitió frecuentar a la familia de aquel hombre que no había
querido conocer unos años antes y con quien ya no podría intercambiar ni un
reproche ni un perdón.
Nunca sabremos qué sintió en esas circunstancias, pero el
acercamiento que relata Fanny demuestra que nuestro Cantor no guardaba rencor
alguno.
Esta era toda la información que se conocía sobre Lasserre cuando comenzamos a transitar el Siglo XXI.
Entonces, la Asociación Gardeliana de Toulouse,
acompañada por Juan Carlos Esteban desde Buenos Aires, continuaría el camino
iniciado por Martha Baez. Recientemente, en su ultimo trabajo, Georges Galopa
nos mostraría que Paul Lasserre no habría enorgullecido en absoluto a nuestro
Cantor.

Pero ésa es otra historia.
En ésta, sólo quise mostrar cómo el "padre
desconocido" de 1890 fue años más tarde desconocido por su hijo.
Lecciones que da la vida...
Ana Turón
Azul, mayo 12 de 2014
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